El espectáculo íntimo de los rayos de sol sobre un dormitorio de clase media acomodada. Una infancia de medallas en competiciones escolares colgando de las paredes celestes. Y emergiendo radiante de ella, posando jovial frente a la cámara que disemina el tesoro de su cuerpo por la globalidad virtual, delante de los trofeos, el infante desnudo. Los ojos todavía alegres, la sonrisa limpia, el sexo en su zenit.
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