Auxilios primeros
Me he sugestionado tanto con la fantasía, he llegado tan lejos en el delirio, que en días como hoy, aturdido y febril por la gripe, no alcanzo a discernir si yazgo aquí solo en mi colchón, sin la presencia desnuda de mi compañera de oficina abrazada a mi cuerpo tísico, su pecho cálido contra mi espalda temblorosa, o es una ilusión. No concibo este error de configuración de la realidad que me priva de tu cuerpo reconfortante, del hogar de tu piel. No es sicalipsis ni lujuria, es candor. Es el antídoto contra el pánico que me atenaza lo que busco y no comprendo cómo se me niega. Primeros auxilios que nadie me presta. Qué inhóspitos son los días, qué angustiosa las noches cuando estoy enfermo y en la oficina, vacía a tu lado, mi silla que nadie advierte.
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Ned Racine
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