La certeza de llegar tarde a todos los destinos. Encontrar, varios años después, que gente más joven que tú en aquel tiempo ya se encontraba allí agotando el descubrimiento, que no te queda sino un disfrute retrospectivo, nostálgico. Y conformarte con esta alegría triste en lugar de igualarte con el presente y protagonizarlo. Esperar a vivirlo en diferido y reprochártelo el año que viene. No, mañana.
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